Historias de Madrinas y Padrinos

Padrinos Pies en el Barro – Grupo de jóvenes padrinos de la Escuela 143 de Colonia Pampa Alegría, Sáenz Peña, Chaco

Con la excusa y el objetivo de pintar la escuela, partimos rumbo a Chaco. En nuestro imaginario los días se dividirían entre lijas y pinceles por las mañanas y pelotas y sogas por la tarde. Todo acompañado de nuestros ahijados de tanto ansiábamos volver a ver.
Pero nada de eso sucedió. El Chaco nos recibió con 300 milímetros de lluvia y un golpe de realidad muy duro. Esa escuela totalmente pintada que nos imaginábamos mientras tomábamos mates en alguna de la rutas que une Buenos Aires con Chaco, fue reemplazada solamente por un aula pintada; y las tardes de pelota y soga, reemplazadas por escurridores, baldes llenos de agua, bolsones de arena puestos en las puertas y todo tipo de técnica de desagote que a cualquiera se le ocurriese. Chicos, adolescentes y adultos. Todos trabajando por el mismo objetivo y siempre con la sonrisa como bandera.

Nuestros ahijados no pudieron llegar a la escuela porque los caminos estaban (y están) destruidos, y ellos viven muy lejos. Pasamos los días con Adelaida, que vive junto a la escuela y prepara la comida para todos, su marido Tete, sus hijos Pablo y Esther, y sus nietos Beco, Zoe, Estefi, Sofi y Fabri. 
Ellos ocho y nosotros cinco fuimos por algunos dias una gran familia escondida en el monte chaqueño. Por momentos nos sentimos invisibles y olvidados por aquellos que tienen el poder de hacer grandes cambios en la provincia, pero a pesar de todo, nos reímos mucho y disfrutamos al máximo esta experiencia que nos da muchas fuerzas para seguir por el mismo camino. Ahora sabemos de verdad cómo es la vida en el Chaco. Dura, cansadora y frustrante, pero nunca triste.

Finalmente emprendimos la vuelta, el camino que lleva al pueblo estaba intransitable para vehículos. Y acompañados por Adelaida, Pablo y su amigo Mati, caminamos durante más de una hora por un camino alternativo completamente inundado hasta que llegamos a la ruta, donde un auto nos levantó y nos llevó al pueblo, ahí tomamos el colectivo de vuelta, donde entre charlas y mates, confirmamos que queremos seguir metiendo los pies en el barro, literal y metafóricamente, y hacer todo lo posible para que la escuela 143 y sus alumnos sepan que no están del todo olvidados.

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